Educación secundaria

Recibimos una educación humanística, variada, muy cercana a lo que se empezó a gestar en el Renacimiento. En una etapa vital inigualable, donde se producen los cambios físicos, mentales y diría que hasta espirituales, donde se fraguan amistades eternas y se descubren los primeros amores realizas el descubrimiento de la riqueza de nuestro universo, sin ser consciente en absoluto de ello.
Hablábamos de que
en ningún periodo de la vida tienes acceso a un conocimiento tan vasto. Podías
en un día estar en la clase de música del venerable profesor Mauricio,
descubriendo la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, para pasar a la semejanza
de triángulos con Ramón Nolla, leer Azorín o sumergirte en la tragedia del 98
en literatura con Rubén Heras. En una hora estabas con la estructura social de
la Edad Media y a la siguiente leyendo a Mallarmé en francés o profundizando en
la gramática catalana. Empezaba el mundo de la informática, la física nos descubría
los avances de la relatividad, discutíamos sobre el mundo de las ideas de
Platón o vivíamos el mundo antiguo a través de los textos de latín. Y qué decir
de los debates de religión, donde también descubríamos la cara oscura a través
del visionado y comentario de “El Exorcista”. Exprimías la actualidad, hablando
de política, los nuevos virus en biología, los avances en química.
Todo un mundo nuevo,
que sin duda influye luego en todas las facetas de la vida, para quien sepa
aprovechar esa fantástica base.
También te formabas
físicamente, apasionándote por deportes como el baloncesto, donde el trabajo de
equipo se acompañaba de la ilusión y la frescura del grupo. Y repito, lo más
sorprendente es que íbamos creciendo como personas con todo ese acompañamiento
humano y vital sin saberlo.
Un agradecimiento y
un abrazo desde aquí a los profesores que lo hicieron posible y a los
compañeros que estuvieron con nosotros en esa fantástica vivencia.

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