Educación secundaria

En estos días en que mi hija Ariadna está haciendo la selectividad, recordaba con mi amigo David los años que pasamos en el Instituto Pons d’Icart de Tarragona, recibiendo nuestra educación secundaria. Evocábamos la época pasada realizando los ya desaparecidos BUP y COU, con recuerdos inolvidables.

Recibimos una educación humanística, variada, muy cercana a lo que se empezó a gestar en el Renacimiento. En una etapa vital inigualable, donde se producen los cambios físicos, mentales y diría que hasta espirituales, donde se fraguan amistades eternas y se descubren los primeros amores realizas el descubrimiento de la riqueza de nuestro universo, sin ser consciente en absoluto de ello.

Hablábamos de que en ningún periodo de la vida tienes acceso a un conocimiento tan vasto. Podías en un día estar en la clase de música del venerable profesor Mauricio, descubriendo la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, para pasar a la semejanza de triángulos con Ramón Nolla, leer Azorín o sumergirte en la tragedia del 98 en literatura con Rubén Heras. En una hora estabas con la estructura social de la Edad Media y a la siguiente leyendo a Mallarmé en francés o profundizando en la gramática catalana. Empezaba el mundo de la informática, la física nos descubría los avances de la relatividad, discutíamos sobre el mundo de las ideas de Platón o vivíamos el mundo antiguo a través de los textos de latín. Y qué decir de los debates de religión, donde también descubríamos la cara oscura a través del visionado y comentario de “El Exorcista”. Exprimías la actualidad, hablando de política, los nuevos virus en biología, los avances en química.

Todo un mundo nuevo, que sin duda influye luego en todas las facetas de la vida, para quien sepa aprovechar esa fantástica base.

También te formabas físicamente, apasionándote por deportes como el baloncesto, donde el trabajo de equipo se acompañaba de la ilusión y la frescura del grupo. Y repito, lo más sorprendente es que íbamos creciendo como personas con todo ese acompañamiento humano y vital sin saberlo.

Sólo con los años, cuando has pasado por otros sitios más especializados, has conocido el mundo del trabajo, a otras personas, creo que puedes valorar la riqueza de esa etapa inigualable. No lo digo desde la nostalgia, sino desde la certeza de que, al menos la que conocimos nosotros, fue un periodo increíble que nos ayudó a crecer y definió lo que somos como personas.

Un agradecimiento y un abrazo desde aquí a los profesores que lo hicieron posible y a los compañeros que estuvieron con nosotros en esa fantástica vivencia.

  

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